La renuncia de Willy Meyer reabre el debate sobre las sicav

Al igual que otros parlamentarios españoles, el dirigente de IU se aprovechaba de las generosas condiciones fiscales de estas sociedades de inversión.

willy meyer
El pasado miércoles, el eurodiputado de Izquierda Unida Willy Meyer renunciaba a su recientemente renovada acta en el Parlamento Europeo tras conocerse que poseía un fondo de pensiones que participaba en una sicav de Luxemburgo. Sobre el papel, nada de lo realizado por el político español puede tacharse de ilegal, ni siquiera de «alegal». No obstante, no resultaba congruente que el dirigente de una formación aparentemente crítica con este tipo de actividades se beneficiara de las mismas. En cualquier caso, el debate sobre las sicav sigue abierto.

Las sociedades de inversión de capital variable son una fórmula jurídica que permite que grandes patrimonios privados se beneficien de una fiscalidad muy baja a cambio de realizar inversiones colectivas. En realidad, la dirección de la sicav rara vez corre a cargo de varias personas, pues la inmensa mayoría de inversores únicamente se encarga de depositar su dinero y de recoger los beneficios llegado el momento (por ello se les conoce popularmente como «mariachis»). En España, fue Felipe González quien introdujo estos instrumentos financieros no exentos de polémica.

La controversia viene marcada evidentemente por los bajos tipos impositivos que abonan los inversores. En el caso español, los beneficios de cualquier sicav apenas tributan un 1%, mientras que a la retirada del capital invertido se realiza un gravamen sobre las plusvalías generadas del 27%. Con todo, resulta incorrecto trazar paralelismos entre la fiscalidad de las empresas y la de las sicav, que por definición solo pueden compararse con las condiciones de los fondos de inversión. En consecuencia, las diferencias en este punto no son tan grandes como parecía inicialmente.

Lógicamente, muchos ciudadanos entienden que se trata de un mecanismo que permite a las grandes fortunas (caso del señor Meyer y de la mayoría de eurodiputados) proteger su patrimonio sin hacer frente a la fiscalidad correspondiente. En cualquier caso, hay que entender que las sicav, en tanto que inversiones, no tienen por qué arrojar beneficios extraordinarios y que, siempre que sus participantes lo declaren, no sirven para cometer delitos de fraude o de cualquier otro tipo.

Vía: El País

Foto: Izquierda Unida-LV-CA

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