La isla de los cazadores de pájaros, de Peter May

¿Por qué se fue Finlay Macleod de la isla de Lewis? Pero sobre todo ¿por qué ha de volver pasados los años? Básicamente, a causa de un asesinato infligido contra un antiguo compañero de  clase. En realidad, para enfrentarse a su pasado, sus recuerdos y sus ausencias. En la nueva y prometedora novela del guionista escocés Peter May, La isla de los cazadores de pájaros (Grijalbo, 2011), el escritor nos presenta a su alter ego, el detective Macleod. Un personaje que se verá obligado a enfrentarse con un mundo que creyó haber dejado atrás, volviendo a esa comunidad endogámica que es la isla de Lewis, donde la crudeza del clima y el paisaje están en perfecta consonancia con la aspereza de sus habitantes. Los placeres de la pequeña comunidad insular no tienen lugar en lo nuevo de Peter May,

Portada del libro.

Al contrario. Como en toda novela de intriga que se precie, el clima es opresivo y claustrofóbico, envolviendo al lector en su particular y oscuro universo. Un mundo donde los joviales recuerdos de juventud se mezclan con pasiones escondidas, amores imposibles, celos, rencores, tradiciones… todo un espectro de sensaciones humanas que poco tienen de alentadoras. Sin embargo, y para el lector aficionado a la novela negra, sumergirse en la isla de Lewis será todo un placer. En La isla de cazadores de pájaros, el detective Fin Macleod se enfrenta a una serie de asesinatos rituales en los que pronto se verá relacionado.

Impresionantes paisajes son recreados en la novela. En la foto, la Isla de Lewis, al oeste de Escocia.

Las pequeñas comunidades cerradas, teóricamente apacibles en la superficie pero podridas en su fondo, siempre han sido pasto de cultivo para diversos autores de distintos géneros. Desde Peyton Place (Grace Metalious, 1956) hasta Wilt, de Tom Sharpe. Sin embargo, la novela policíaca ha hecho uso en diversas ocasiones de este modus operandi. Sin ir más lejos, el recuerdo de Agratha Christie y sus Diez negritos en la Isla del Negro ha quedado como un referente indiscutible para este tipo de construcciones. Algunos ejemplos más recientes son el de Margaret Millar con Un extraño en mi tumba, donde la historia se desarrolla en un pequeño rincón de California. O el de Assa Larsson y la saga de Rebecka Martinsson (Aurora Boreal, Sangre derramada y La Senda Oscura), donde los crímenes tienen lugar en la aislada población sueca de Kiruna. La misma operación realizaría su compatriota Camilla Läckberg con La Princesa de Hielo, que transcurre en su población natal de Fjällbacka.

Si quieres volver a sumergirte en uno de esos dramas insulares que tan angustiados nos mantienen mientras la intriga va in crescendo, te recomendamos que recuerdes el nombre del que será uno de tus autores de cabecera a partir de ahora: Peter May.

Foto isla por Stuart Herbert en Flickr

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