La Iglesia busca vocaciones entre los parados

Con más de cinco millones de parados son muchos los que pensarán que no están los tiempos como para rechazar un trabajo. No obstante, ¿te lo pensarías dos veces si el oficio propuesto fuera el de ponerse el hábito y hacer voto de castidad y pobreza? Seguro que más de uno se lo piensa, no dos, sino tres veces antes de seguir este itinerario profesional. Y si hablamos en términos religioso-laborales es porque así lo hace el anuncio emitido recientemente por la Conferencia Episcopal, que ofrece a los varones españoles una oportunidad de trabajo fijo. Todo ello, evidentemente, pasado por la pátina de la espiritualidad y apelando a los frutos inmateriales que otorga el trabajo a la Iglesia. Bajo la consigna de «Te prometo la certeza de que has sido elegido» la Conferencia Episcopal busca promover más vocaciones entre los españoles.

Y no tiene que haberles salido del todo mal esta campaña anticrisis, pues la coyuntura de la recesión económica que vive España ya se notó en 2011, donde la Iglesia registró un ascenso del 4,2% en lo que respecta a feligreses que decidieron ingresar en el seminario. Si te interesa, siempre puedes entrar en la página web Teprometounavidaapasionante.com y consultar la lista de seminarios para conocer cuáles son los más cercanos a tu lugar de residencia. Pero si aún no te ha quedado claro qué tipo de trabajo desempeña un sacerdote, en el vídeo lo dejan bastante claro.

Las salidas profesionales que de desprenden del oficio son, según el vídeo promocional, las de «unir corazones» (presidir casamientos), «acompañar a los que sufren» (el confesionario de toda la vida), «confirmar a los que quieren ser fuertes» (esto es, comuniones) y «sumergir a los hombres en la verdad (bautizos), entre otras actividades. El trabajo consiste, básicamente, en ser «testigo de Jesucristo».

El vídeo contiene diversos mensajes persuasivos para que los jóvenes españoles se enrolen en el cuerpo eclesiástico: «Yo no te prometo un gran sueldo, te prometo un trabajo fijo»; «No te prometo un trabajo perfecto, te prometo formar parte de un proyecto inolvidable»; «No te prometo que vayas a tener grandes lujos, te prometo que tu riqueza será eterna»; «No te prometo que vayas a tener grandes lujos, te prometo que tu riqueza será eterna». Ante tanta persuasión, no es de extrañar que, con los tiempos que corren, más de uno se encuentre en estos momentos calibrando la posibilidad de meterse a cura. Los compromisos que se piden a cambio todos los conocemos. A cada uno le toca juzgar si el sacrificio merece la pena.

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