La autocrítica de un Premio Nobel

Paul Krugman, Premio Nobel de Economía en 2008, reconoce algunos errores en sus previsiones económicas pero asegura que son muchos más los aciertos.

crisis

El gremio de los economistas es generalmente criticado porque no se hacen responsables de sus análisis o previsiones. Dicho de otro modo, cuando un analista, de mayor o menor renombre, realiza un vaticinio sobre un comportamiento económico en particular, si luego este no se cumple no pasa nada (mientras que si lo hace la medalla es evidente). El pasado domingo, el Premio Nobel de Economía de 2008, Paul Krugman, entonaba parcialmente el mea culpa en el diario El País. Estas son algunas de sus conclusiones más notables.

El profesor de la Universidad de Princeton y de la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres pasa revista a sus previsiones sobre la crisis económica y clasifica sus aciertos y sus errores. En la columna de lo que considera que se ha cumplido, la más larga, dicho sea de paso, Krugman se anota el tanto de haber alertado sobre la existencia de una burbuja inmobiliaria en los Estados Unidos a comienzos de la primera década del siglo XXI. En 2005 concretó más su análisis pero fue ignorado.

También se vanagloria de haber respaldado acertadamente los programas de expansión monetaria de la Reserva Federal, que ahora parece estar copiando con algunos matices el Banco Central Europeo (BCE). Krugman siempre sostuvo que la inflación no sería un problema y el paso del tiempo parece haberle dado, al menos por ahora, la razón. Más polémica es su postura contra las políticas de austeridad aunque lo considera uno de sus aciertos, ya que entiende que el rigor presupuestario ha sido negativo en varios países europeos.

En cuanto a lista de errores, el Premio Nobel confiesa haber infravalorado el tamaño de la crisis, tanto en Norteamérica como en Europa. El economista entendió que se trataba de un periodo de fuerte contracción económica pero pensó que este sería menos intenso y prolongado de lo que realmente fue. También asegura haberse equivocado en cuanto a sus temores sobre la deflación, sobre la fortaleza del euro y sobre la viabilidad de la zona euro, augurando su inminente ruptura en 2012.

Vía: El País.

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