Justin Bieber desata el delirio en nuestro país

El delirio se conoce como un estado de excitación que no obedece a la razón ni a la propia voluntad. Y exactamente así se sintieron 15.000 personas en Madrid y 18.000 más en Barcelona después de esperar, oír y sobre todo ver de cerca (o no tan cerca) a su ídolo adolescente Justin Bieber. Treinta-tres mil niñas, y no tan niñas, afectadas por la fiebre del flequillo rubio (ahora desaparecido). Muchas de ellas no solo vivieron «el mejor día de sus vidas» durante la hora y media que duró el concierto -ayer en el Palau Sant Jordi de Barcelona y el día 5 en el Palacio de los deportes de Madrid- sino que la larga espera también formó parte de esa experiencia delirante. La mayoría de seguidoras perdieron horas de clase o días enteros de colegio, y todas confesaron que tenían empapelado su cuarto con los posters de la estrella canadiense, de 17 años. Para ellas, los 40 euros que costaba la entrada y los días de cola en comunidad habían valido la pena. Sin ninguna duda.  Pero con un griterío enloquecido y enloquecedor de su ejército de incondicionales, Bieber salió por fin al escenario y sólo empezar, ya se vio que quedaba poco de ese ídolo de masas colgado en las paredes de las habitaciones adolescentes de medio mundo.

La voz de Bieber está en pleno proceso de transición / Foto: Gettyimages

Aunque las miles de púberes (se vieron muy pocos chicos) gritaron, cantaron y salieron de allí extasiadas, lo que en teoría tenía que ser una velada de pop suave, R&B rítmico y coreografías del estilo de Disney Channel se convirtió en un tumulto de gallos inevitables para una voz que estaba en pleno proceso de transición, unos gallos que parecían pasar desapercibidos por los miles de chillidos dignos de descensos en el Dragon Khan. El Bieber que salió a cantar en Madrid y Barcelona, en su gira internacional «My world», ya tenía poco de Bieber. En plena mudanza hacia la edad adulta, parecía que su propia imagen se le había quedado pequeña. Pero a pesar de ello, Justin consiguió comandar a las fans con una mezcla de iconografía y sugestión, ejecutó a la perfección las coreografías de Somebody to love y tonteó con profesionalidad con el público antes de cantar su pegajosa y archiconocida Baby. Aunque usara las mismas armas de seducción en la capital catalana que las que había utilizado ni un día antes en Madrid. Y es que ni siquiera cambió las frases que desataron la histeria de sus miles de seguidores: «¿qué tengo que hacer para que sonriáis?».

Justin es el artista adolescente mejor pagado / Foto: Gettyimages

Pues no hace falta mucho más, la verdad. Su nombre ya es uno de los más googleados. La bibermanía se salda con mil millones de clics en sus vídeos de Youtube y su perfil de Facebook ya cuenta con 24,7 millones de seguidores. ¿Y hablando de dinero? Pues el niño tampoco se queda corto: sus ingresos superaron los 100 millones de dólares el año pasado, de forma que ya se considera el artista adolescente (por poco tiempo) mejor pagado.

La exaltación de sus fans vista en los shows de ayer y ante ayer es sólo una consecuencia más de todo ello. El concierto vino precedido por un despliegue de rayos láser, proyecciones y cañones de humo y continuó con 18 canciones entre las que se infiltraron versiones para todos los gustos de Michael Jackson (Wanna be startin’ something) y Aerosmith (Walk this way). Entre un par de cambios de vestuario y varios montajes de vídeo, no faltaron tampoco los multicoreados Bigger o U Smile, las versiones acústicas de Never let you go o Favourite girl y los bombazos como Never say never o One less lonely girl, que Justin cantó acompañado de una «afortunada» joven del público. Esperemos que ella no reciba amenazas como Selena Gómez, compañera sentimental de Bieber, ese niño prodigio que se nos está haciendo mayor.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...