Israel planta árboles estratégicamente para hacerse con tierras palestinas

Lugares fantasma. De esos que existen pero no figuran en los mapas, que lo mismo son destruidos o de pronto son reconstruidos. Es lo que le pasa a una aldea beduina de Israel, llamada Al-Arakib. La aldea ha sido destruida ya 35 veces (la última fue la semana pasada) y ha sido refundada otras tantas ocasiones por los beduinos con la ayuda de activistas israelíes e internacionales. El camino polvoriento que conduce a este lugar no está señalizado ni aparece en los mapas. Situación semejante que afrontan otros 45 poblados no reconocidos, en los que habita la mitad de los 180.000 beduinos del desierto del Neguev. La única prueba de su existencia es la guerra de desgaste que libran los habitantes y las autoridades de Israel desde julio de 2010. Ahora, la treintena de familias que han sobrevivido están instaladas en chabolas en mitad de un cementerio. «¿No es triste? Antes teníamos casas y olivos. Vivíamos del campo. Ahora vivimos en el cementerio», asegura un beduino.

Esta aldea existía antes de que naciera el Estado de Israel y antes de que éste la confiscase por necesidades de seguridad y promoviese la conolinización judía del Neguev para arrebatarle tierras a los árabes. Ahora la preocupación de las familias desalojadas se centra en la plantación de una serie de árboles, de apenas medio metro y casi sin brotes, que ha llevado a cabo el Fondo Nacional Judía. Se trata de una estrategia de las autoridades israelíes consistente en forestar las regiones problemáticas en las que se instalan frecuentemente viviendas ilegales. Se acabaron las demoliciones de viviendas, ahora basta con plantar árboles para impedir instalaciones ilegales y al tiempo beneficiar al medio ambiente. Por el momento, la plantación solo se ha llevado a cabo en las inmediaciones de la aldea, pero todos temen que esto sea el principio de un fin.

Es bien sabido que todo aquel que trate de arrancar dichos árboles, puede acabar entre rejas. El ordenamiento jurídico de Israel establece una pena de cárcel de hasta 4 años para aquellos que se atrevan a dañar parcial o totalmente un árbol. Pero mientras las familias beduinas siguen subsistiendo en el cementerio, la lucha continúa. El próximo septiembre, el Tribunal Supremo determinará a quién pertenece la tierra y si la confiscación de Al Arakib ha sido legal o no. De su decisión dependerá que las ruinas de Al Arakib acaben convirtiéndose en un parque como les ocurrió a otros 86 poblados palestinos en Israel tras la guerra de 1948.

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