Inteligencia natural contra estupidez artificial en los aeropuertos

La Inteligencia Artificial nos ha ayudado en muchos aspectos de la vida cotidiana, reduciendo nuestro trabajo, tiempo de espera y otros menesteres, pero hay campos en los que, aún, es imposible emular o superar la inteligencia humana.

Un robot a cargo de la seguridad en un shopping

Como amantes de la tecnología y “evolución” que la misma nos significa, muchos optamos por decir que sí a los procesos automatizados en cuanta instancia nos signifique una espera más corta, un abaratamiento en los costos de producciones en línea vs las artesanales, un servicio más eficiente o un día más feliz.

Pero no siempre la utilización de maquinarias sobre procesos humanos son más efectivos que el trabajo que un humano puede hacer sobre otro humano. Un ejemplo de estas falencias evidentes se nota en los aeropuertos en donde las máquinas no son capaces de detectar intenciones y sutiles indicaciones faciales y de conducta cuando una persona tiene un amala intensión a la hora de abordar un avión.

Ciertamente, muchos de nosotros se inclinarán a pensar que el control humano en las líneas de pre embarque retrasa las cosas, pone de mal humor a las personas, los agentes de inspección son muy hostiles, el cacheo es humillante y ni que hablar de que te pidan que abras la valija por si acaso llevas una gran bomba entre la ropa sucia de tu vuelta de vacaciones.

Es probable que hayas pasado malos momentos en los aeropuertos a causa de los agentes humanos pero ¿significa eso que el trabajo será mejor hecho por máquinas incapaces de mostrarnos su hastío o discriminarnos por nuestra apariencia?

Maetel, un robot basado en un personaje de animé es guía de Turismo

La ventaja de una máquina es que no puede ser acusada de parcialidad. Sin embargo, el sesgo puede ser contrarrestado por la formación y el control de calidad. Las evaluaciones de desempeño pueden mostrar que muchos temas se retrasaron innecesariamente.

La comunidad de inteligencia artificial (IA) puede ayudar con ese tipo de análisis en la TSA, trabajando arduamente para replicar las capacidades de los seres humanos en las máquinas, pero cuando se trata de la detección facial y el reconocimiento del comportamiento, los algoritmos logrados para dotar de inteligencia a las máquinas apenas coinciden con las capacidades de un niño.

En vez de invertir millones en desarrollar máquinas que no necesariamente agilizarán el proceso de detección y control en la seguridad aeroportuaria, ¿Por qué no implementar la inteligencia natural en vez de la estupidez artificial? Es decir, invertir en la selección y formación de profesionales altamente calificados y entrenados a quienes se les remunere adecuadamente y que sean capaces de utilizar los más modernos sistemas de detección para descubrir a las personas que tienen algo que ocultar.

A veces la Inteligencia Artificial no se puede aplicar a todo y eso es algo que deberíamos de aprender.

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