Hallan el esqueleto de un posible vampiro en Bulgaria

La leyenda de los vampiros ha resucitado en Rumania, debido al descubrimiento de un cadáver del siglo XIV con un trozo de metal clavado en el pecho. Este acto forma parte de una tradición popular que afirma que clavando un objeto en el corazón del fallecido se impide que éste resucite con ganas de sangre. El esqueleto hallado demuestra que fue juzgado como posible vampiro. ¿Lo fue?

Las leyendas, por leyendas que sean, siempre son capaces de estimular nuestra imaginación. Y Bulgaria rescató la semana pasada uno de los mitos más extendidos: la existencia de vampiros. Lo hizo de forma casual al hallar el esqueleto de un hombre de 175 centímetros de altura enterrado en una casa de la localidad de Sozopol, con un trozo de hierro clavado en el corazón. Este supuesto bebedor de sangre data del siglo XIV y revela la costumbre pagana de atravesar el pecho de los fallecidos con una hoja metálica o de madera para que no resucitasen de entre los muertos. Costumbre que coincide en el tiempo con la creencia en los vampiros, que se fecha en la Edad Media o incluso más temprano, durante la época precristiana.

La identidad y edad del supuesto vampiro todavía se desconocen. Desde ayer, el cadáver se expone en el Museo Nacional de Historia de Sofía (Bulgaria). El director del museo, Bozhidar Dimitrov, lo explicó así: «Los vampiros son parte de la mitología búlgara y la creencia en ellos data de la época precristiana, pero el cristianismo los rechazó». Según este científico, en aquella época la creencia popular consistía en que al fallecer una persona, su alma se encaminaba al reino de los cielos para el descanso eterno, siempre que hubiera cumplido las normas morales. Para las almas de los malvados se les reservaba otro destino distinto: quedaban apresadas en sus cuerpos y en numerosas ocasiones salían de la tierra para beber sangre, primero de animales y posteriormente de seres humanos. Esa era la creencia y esa es nuestra leyenda.

Eso mismo explica por qué el difunto recientemente hallado fue agredido con un trozo de hierro en el corazón. «Los más ricos usaban hierro y los pobres clavaban madera», aseguró Dimitrov, tras añadir que así se creía que el peso del material presionaría al muerto y no le permitiría levantarse. El cadáver fue hallado detrás de una iglesia medieval, un lugar reservado especialmente para personas notorias o de alto rango social. «Pero podría ser también un pirata marítimo que actuaba en esta región en aquella época. Era conocido como Krivich, o el Curvo en búlgaro», especuló Dimitrov.

Tras este primer hallazgo, también se encontró una segunda tumba con otro esqueleto atravesado por un hierro del que se sospecha que podría ser la esposa del primero, por la constitución de los huesos y la cercanía a la primera tumba (tan solo 50 centímentros). Lamentablemente, los huesos de este segundo hallazgo no han podido trasladarse al Museo de Sofía, dado el mal estado de los mismos. «Nos vimos obligados divorciar a la pareja», ironizó Dimitrov. Ahora Rumania vuelve a ser la cuna del vampirismo para los más creyentes en estas leyendas. Nadie olvida aquella célebre novela llamada Drácula, publicada en 1897 por el irlandés Bram Stoker, que nos hablaba de ese gran chupasangre rumano, Vlad Tepes.

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