La guerra según Sebastián Junger

El autor de La tormenta perfecta, escritor, periodista y colaborador habitual en la revista Vanity Fair, nunca pensó que su experiencia bélica, sin tan siquiera ser un soldado, le llevaría así lejos. Su viaje de quince meses de duración junto con un pelotón del ejército estadounidense durante la invasión de Afganistán le ha valido el reconocimiento de la crítica literaria. Gracias a Guerra (Crítica, 2011) el lector podrá conocer por dentro la dinámica de un conflicto de estas dimensiones a través de un libro ambicioso, viviendo junto a Junger sus experiencias, tanto las buenas como las malas.


Estamos ante un libro que más bien es una crónica periodística a gran escala. Una obra amena y vibrante que no obstante, se hace eco de una realidad difícil y, en muchos casos, devastadora: la de los conflictos armados. Quien quiera buscar un panfleto antibelicista en Guerra no lo va a encontrar, porque Junger no escribe ‘contra’ la guerra ni ‘por’ la guerra… sino que disecciona minuciosamente a un grupo de personas en una situación extrema, analizando el tipo de relaciones que se establecen entre ellos, los sentimientos encontrados, la pérdida de compañeros y todo el entramado logístico que acompaña al pelotón. En realidad, el lugar donde ocurren los hechos y el contexto histórico y social en el que se enmarca la guerra de Afganistán es lo que menos importa a Junger, mucho más centrado en las reacciones de los soldados, sus vidas y las razones que les llevaron a querer alistarse en el ejército.

Durante su periplo por Afganistán, Sebastián Junger estuvo acompañado de su inseparable cámara, testigo fiel de muchos de los episodios que relata en el libro. De hecho, las grabaciones han servido para que el escritor, junto a Tim Hetherington, haya realizado un documental que sirve de perfecto complemento al libro que te presentamos Hablamos de Restrepo, estrenado con gran éxito de público y crítica en 2010.

Guerra ha sido uno de los libros más vendidos en su país, quizás porque retrata de manera directa y sin concesiones literarias la vida de los soldados. No hay florituras, no hay juicios de valor. Lo que hay es trabajo sobre el terreno y la oportunidad de poder humanizar a los soldados, darles voz para que la guerra se narre en primera persona y no mediante fórmulas establecidas. Lo que cada uno piense de la guerra es un tema a parte. En este libro encontrarás las vivencias de unos hombres que deben enfrentarse al terror en estado puro.

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