Eurobonos a cambio de contención presupuestaria

La Unión Europea estudia las posibles medidas de implantación de los eurobonos en aras de apaciguar la crisis de la deuda. Sea cual sea el método, las garantías sólo se producirán si los Estados miembros realizan políticas de contención de gasto.

La emisión de eurobonos no saldrá gratis. Así lo ha hecho saber la Comisión Europea, que estudia la posibilidad de introducir dicha medida para paliar la crisis de la deuda en el Eurogrupo. El organismo plantea tres posibilidades: sustituir los bonos nacionales por bonos de estabilidad, sustitución parcial de bonos por deuda común o la emisión de bonos no compartidos por todos los estados miembros. En un comunicado, el Ejecutivo comunitario puntualiza que cualquiera que sea la opción requerirá una modificación del Tratado de Lisboa.

Disciplina presupuestaria. Es la condición impuesta por el Ejecutivo comunitario a cambio de dar el visto bueno para la emisión de los ansiados eurobonos. El Gobierno alemán no está dispuesto a dar el brazo a torcer, por lo que impondrá su ya conocida ortodoxia a la hora de fijar las condiciones necesarias para el establecimiento de dicha medida. De momento, ya se conocen tres posibles soluciones, a tenor del documento filtrado por las instituciones comunitarias: la sustitución de todos los bonos nacionales, el traspaso parcial de los mismos o la limitación de la medida solamente a un grupo de países. Y para todas ellas, un mismo denominador común: contención.

Sede de la Comisión Europea en Bruselas

La primera de las opciones, la más redistributiva, contempla la sustitución de los bonos nacionales por bonos europeos que podrían ser emitidos de forma descentralizada aunque con un procedimiento coordinado por una agencia de deuda creada ex profeso. Esta medida sería la más arriesgada, pues todos los estados miembros compartirían el riesgo crediticio de manera equitativa.

La segunda posibilidad, a medio camino, consta de la sustitución parcial de los bonos estatales por títulos de deuda común con garantías varias. El llamado esquema ‘azul-rojo’. Los ‘bonos azules’ consistirían en la emisión de títulos soberanos comunes que podrían no cubrir todas las necesidades de financiación de los mismos. Cada Estado tendría derecho a emitir un cierto número limitado de bonos, sin superar el 60 por ciento de su PIB. El resto serían catalogados como ‘bonos rojos’, esto es, bonos nacionales, los cuales fijarían un techo de interés en función de sus compromisos económicos.

La tercera opción, la menos arriesgada, contempla la sustitución parcial con garantías no compartidas por todos los Estados miembros, de tal manera que cada país deba garantizar la parte proporcional que le corresponde asumir so criterio fijado por sus necesidades de financiación. Sería un paso intermedio entre los bonos nacionales y los títulos comunitarios, aunque la garantía de los mismos recaería sobre el propio Estado miembro. Una solución nada polémica, y también muy poco efectiva.

Foto: Pizarros en Wikimedia Commons

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