Escuchas ilegales: ¿Qué límites hay entre el periodismo que se enseña y la realidad?

La buena práctica periodística se ve tocada estos días con la salida a la luz del escándalo de las escuchas ilegales en Reino Unido. ¿Puede una buena educación evitar esta mala praxis y limpiar la imagen negativa que estas tramas oscuras dejan en el periodismo?

Estos días asistimos atónitos a las revelaciones del caso Murdoch de escuchas ilegales en el Reino Unido, una trama periodístico-policiaca que se está cobrando numerosas víctimas políticas e incluso reales, con el fallecimiento en extrañas circunstancias del reportero que destapó el caso. El ‘murdochgate’, como se está empezando a denominar, se inició años atrás y es heredero de una tradición periodística muy común que para muchos es lo más importante del periodismo: la necesidad de algunos medios de ser los primeros en dar una noticia, la exclusividad y, ante la falta de ésta, recurrir a la invención.

Sede de la News Corporation

Al parecer, el extinto News of the World del ‘Imperio Murdoch‘ se ha dedicado presuntamente a intervenir teléfonos de manera ilegal para sacar información de políticos y víctimas del terrorismo en Inglaterra. La pregunta que nos podemos plantear a continuación es: ¿qué lejos está este modus operandi de lo que se enseña en la Universidad?

Cuando un joven o una joven deciden emprender una carrera de periodismo, en principio, en su interior existe una voluntad de explicar la verdad del mundo tal cual es, objetivamente, tratando de trasladarla a sus lectores u oyentes. Ciertamente, existe un tipo de periodismo basado en la opinión y en la creación de opinión, donde la subjetividad y el “cristal por el que se mire” pueden mostrar una realidad u otra. Ahora bien, el hecho de “crear” una realidad a medida para generar noticias o bien inmiscuirse en la vida privada de las personas parece que queda muy lejos de esos ideales periodísticos.

No cabe duda de que en el ámbito universitario, la formación que los profesores ofrecen a sus alumnos no trata explícitamente estos asuntos. Al contrario, el de los periodistas es uno de los colectivos que más publicidad da a sus decálogos, sus normas de ética y conducta, porque trata con un material altamente peligroso en malas manos: la información. En apariencia, el problema viene después, cuando el periodista llega a un entorno más hostil como es la redacción de un diario, radio o televisión y hay que mantener índices de audiencia y hay que vender periódicos (más que los demás). En este punto es cuando ciertas prácticas menos éticas pueden tentar a los periodistas (novatos o veteranos) como un camino más fácil para llegar a la meta.

Quizás una educación más férrea en cuanto a buenas prácticas periodísticas pueda ayudar a evitar estas circunstancias en las que se sobrepasan los límites de la ética, pero la naturaleza humana siempre está allí para recordarnos lo fácil que es hacer trampas y pisar a los demás. El respeto, como siempre, es la clave para que el sistema funcione.

Foto por Alex E. Proimos en Flickr

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