Empiezan los juicios por el ‘caso Malaya’

Aunque la expectación debería centrarse en la cascada de delitos que lucen cual medalla los imputados, muchos medios parecen más pendientes de otras cosas. Y es que la prensa rosa anda revolucionada estos días. Por suerte, la mayoría de informativos aún mantienen la cordura y el rigor. Aún así la estampa es dantesca.

A veces ocurren en nuestro entorno hechos de vital importancia. Afectan la vida de decenas, centenares o miles de personas. Son la causa de penas o alegrías; a veces incluso hablan sobre nuestro presente y futuro. Tendrían que interesarnos a todos. No obstante, si salimos a la calle y preguntamos, es probable que la mayoría de gente poco sepa sobre ellos. Me incluyo.

Sin embargo, durante las últimas horas se ha producido una noticia de la que todo el mundo tiene constancia. El lunes empezaron los juicios por el ‘caso Malaya’ en la Ciudad de la Justicia de Málaga, sentando en el banquillo a 95 imputados y concentrando a las puertas a una buena nube de periodistas. Los curiosos no dejaron de pasearse durante toda la mañana y la atención informativa fue máxima desde primera hora.

Que ciudadanía y medios se movilicen, pendientes de lo que sucede con aquellos que jugaron con el dinero de miles de personas, es admirable. Sin embargo, todo apunta a que los motivos principales son otros. Y es que la trama corrupta de Marbella tiene poco que ver con otras, como la que afecto a la localidad barcelonesa de Santa Coloma de Gramanet. Carecen, más allá de los detalles, de algo esencial: María Patiño, micrófono en mano, persiguiendo a los presuntos malhechores.

Esta periodista del corazón, famosa por su carácter conciliador y por trabajar en DEC, no estaba allí porque de repente hubiera cambiado de hábitos y se hubiera convertido en reportera de informativos. Estaba allí por lo mismo que estaban sus compañeros de Sálvame o El Programa de Ana Rosa. Si bien es cierto que ninguno de ellos olvida los delitos que se imputan a los protagonistas del caso, también lo es que no están allí lo deleznable de sus actos. Más bien es cuestión de morbo: ‘Cachuli’, el ex de la Pantoja, se enfrenta a la justicia.

Y es que desde que se destapó el pastel este señor ha desfilado por los platós, ya sea en persona o en espíritu, como Pedro por su casa. Su romance, distanciamiento y ruptura con la folclórica es lo único que ha parecido interesar a los medios, más allá de lo estúpido y desvergonzado de un personaje que da juego por sí mismo. Son la pareja principal de un triángulo amoroso que remata Maite Zaldívar, exmujer del exalcalde que ahora se pasea por los platós despotricando del que fue su marido y luciendo novios jovenzuelos. La misma que también tendrá que declarar en breve.

Esta semana, pues, las televisiones han preparado especiales a raudales. Auguró unas audiencias envidiables. Y es que estamos ante la trama de corrupción inmobiliaria e institucional más importante destapada en España, ¡no es para menos! Ojalá tanta expectación se debiera a lo lógico y razonable. Pero en este pais las cosas no funcionan así. Por lo que parece, en España la curiosidad gana a la indignación, la frivolidad rosa ensombrece la justicia y las ansias de espiar al prójimo banalizan la corrupción. Mientrastanto, Cachuli y compañía, y otros tantos como ellos, nos engañan como quieren. También es nuestra culpa.

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