El síndrome de Diógenes en clave digital

Aunque el Síndrome de Diógenes clásico conlleva muchos problemas psicológicos que a veces se pueden desconocer, entre los que destacan el aislamiento social y el abandono de la propia higiene, lo más notorio del mismo es la fijación por almacenar trastos y basura sin control. Sus afectados pueden llegar a acumular toneladas de desperdicios en sus domicilios sin un motivo aparente, ya que en muchos casos puede ser gente con un alto nivel adquisitivo que tampoco va a necesitar todo eso.

El síndrome de Diógenes digital puede conllevar problemas a las empresas

Sin llegar a los extremos del trastorno clásico, el síndrome de Diógenes ya hace tiempo que ha dado el salto al ordenador, pudiendo afectar tanto a los usuarios personales, que sienten la necesidad imperiosa de guardar sin criterio cualquier contenido de música, vídeo, texto, multimedia, etc. que encuentren por Internet o que generen ellos mismos. No es nada raro, teniendo en cuenta que el espacio de los “armarios virtuales” es muchísimo más amplio que el que pueda llegar a poseer cualquier jeque árabe (y éste va en aumento imparable, a una velocidad más alta que la del tamaño medio de los archivos). Y si a eso le sumamos la dificultad que muchas veces surge a la hora de clasificar los contenidos digitales, dan como resultado una acumulación incontrolable de basura digital. Cuando la gente empezó a probar las bondades de las redes P2P (compartir archivos) la “enfermedad” se propagó inevitablemente, y ya nadie podía esquivar la tentación de sumar gigas y gigas de datos en sus computadoras que quizás nunca más usarían, más que al descargarlos.

Este síndrome de Diógenes digital se hace aún más evidente en el caso del correo electrónico. Son muchos los usuarios que no borran nunca los emails que reciben, de manera que el volumen de ellos va aumentando desorbitadamente en sus cuentas hasta límites que quizás algún día serán preocupantes. Lo más negativo, pero, es el tiempo que se pierde en gestionar toda esta basura digital, algo importante para las empresas.

Y es que en muchas empresas su rutina de trabajo conlleva generar un alto volumen de datos y archivos que se van guardando (muchas veces a discreción y sin ningún criterio) sin aparente necesidad. El proceso típico es realizar copias de seguridad de todos los documentos del servidor, y además, para trabajar con ellos, en una carpeta o directorio determinado de cada ordenador donde los usuarios se dirigen. Y muy frecuentemente, hasta se realiza una tercera copia deese mismo archivo en el disco duro del ordenador local de la persona que trabaja con él. Resultado: triplicados sin sentido que sólo hacen que sumar espacio que puede que nunca se borre, por miedo a eliminar información importante.

La tendencia es acumular información sin parar, con el problema que no catalogamos esos archivos, de manera que es muy difícil hacer una limpieza a posteriori, ya que se desconoce la prioridad de cada archivo. Si a ello sumamos que a menudo se cambian los nombres a archivos que son simples copias de seguridad, esto nos lleva a un verdadero caos digno sin duda de Diógenes.

La cuestión a tratar es que si nos tomamos tantas molestias para asegurar la información, también debemos aprender a clasificarla convenientemente y a saber valorar su utilidad futura y la conveniencia de su almacenamiento perpetuo. Sólo así separaremos el grano de la paja, o sea, lo imprescindible de la basura digital.

Foto: mang78

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