El Gobierno De Colombia Y DMG

Desde hace un tiempo para acá, tiempo que es bastante indefinido, se empezó a presentar en Colombia un fenómeno de estafa, que en economía se le conoce como el esquema ponzi, o de manera más común se le llama pirámides. Cientos de grupos empezaron a actuar en todo el país, cuyo funcionamiento era tan sencillo y controversial como revolucionario. El negocio era muy básico: una persona llevaba un capital, lo invertía en la nueva institución y en un tiempo determinado, se le devolvía al mismo la cantidad invertida más un porcentaje que en el peor de los casos era del 100% del monto inicial.

Si hay alguna característica que pueda definir de manera muy completa la administración del actual gobierno de Colombia, es la no preparación. En muchos de los aspectos de la vida social y política que un gobierno debe manejar, sin duda alguna que la improvisación y la mala praxis han sido la constante. Como no tengo el espacio suficiente para tratar todos los temas, y respetando la temática central de este blog, me centraré en la payasada que ha sido el manejo económico de este gobierno, al que muchas catalogan de corrupto, pero al que personalmente considero inepto.

El gobierno del país andino ha sido de un desastre tan inmenso, que a pesar de tener todas las condiciones para crecer de manera exponencial en toda América Latina en los últimos años, terminó siendo de los últimos en ese aspecto. Durante el gobierno de Uribe Vélez, se tuvo altos precios de materias primas, incluido el petróleo y el carbón, logrando que el país tuviera uno de los mayores ingresos por exportaciones que ha tenido en mucho tiempo. Sin embargo, con todo eso, el gobierno nacional no fue ni siquiera capaz de ordenar las cuentas y dejar un superávit. Por el contrario, el déficit del país crece de manera acelerada, igual que la deuda externa.

Todo lo anterior en un país que ha vendido cuanta empresa estatal ha podido, que aumento los impuestos de manera desenfrenada y que ha recibido ingentes «ayudas» de parte del gobierno de Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. No obstante lo anterior, la verdad es que no es nada comparado con la ineficiencia mostrada por este gobierno a la hora de actuar en un fenómeno que ha sido noticia mundial, como es el de las «pirámides financieras de captación de recursos».

Desde hace un tiempo para acá, tiempo que es bastante indefinido, se empezó a presentar en Colombia un fenómeno de estafa, que en economía se le conoce como el esquema ponzi, o de manera más común se le llama pirámides. Cientos de grupos empezaron a actuar en todo el país, cuyo funcionamiento era tan sencillo y controversial como «revolucionario». El negocio era muy básico: una persona llevaba un capital, lo invertía en la nueva institución y en un tiempo determinado, se le devolvía al mismo la cantidad invertida más un porcentaje que en el peor de los casos era del 100% del monto inicial.


Una de esas empresas que empezó a funcionar bajo ese esquema era la llamada DMG. No obstante, el fenómeno con ella era muy diferente, dado que las personas no invertían su capital, sino que compraban o tenían la posibilidad de comprar productos con el capital invertido. En sí, DMG no era una pirámide, dado que a las personas lo que se le daba era una tarjeta con puntos, los que le permitían comprar una variedad extensa de bienes y servicios, cuando ella lo deseara.

Es decir, una persona iba a DMG e invertía US$1.000 y con eso se le daba una tarjeta prepago que le permitía ir a la comercializadora DMG y cambiar la totalidad de su cantidad invertida en bienes y servicios, con una sobretasa sobre los mismos. La diferencia con cualquier otra empresa era que al cabo de seis meses DMG les devolvía el dinero a las personas, con lo que al final el consumidor se quedaba con el bien comprado y el dinero invertido. Durante años el fenómeno de DMG funcionó perfectamente, sin quedarle mal a absolutamente nadie, cumpliendo lo pactado siempre y generando el bienestar de miles de personas en el país, con la adición de que eran personas pobres las principales beneficiarias.

La verdad es que la situación funcionó bastante bien hasta que el gobierno, de manera muy inepta y hasta dictatorial, intervino en la institución. El hecho concreto fue que una de las verdaderas «pirámides» financieras se quebró, como era de esperarse, y paralizó a medio país dado que sus miles de ahorradores salieron en manada a solicitar su dinero. El gobierno viendo esto, decretó la emergencia económica y actuó en consecuencia. El problema fue que lo hizo todo mal.

En una sola noche, el gobierno se inventó tres decretos y amparado en el estado de excepción, atacó a la empresa DMG interviniéndola, cerrándola y emitiendo ordenes de captura contra sus dueños y directivos. Los problemas frente a esto son muy variados: el primero de ellos fue que el gobierno actuó sumamente tarde, lo segundo fue que actuó con todo el poder del Estado sobre la empresa que menos debió hacerlo, y tercero es que por actuar con tanta vehemencia contra la empresa DMG, dejó que muchas otras siguieran funcionando por todo el país.

Ahora, ¿por qué actuar contra DMG era un error? Porqué DMG no era una pirámide financiera, sino que por el contrario parecía ser más una comercializadora que lavaba activos de los grandes narcotraficantes del país. La diferencia entre una cosa y la otra es sustancial, dado que si lo que el gobierno buscaba era proteger el ahorro del país, no debió actuar sobre DMG, que contaba con todos los recursos para seguir pagando lo que debía, y si actuar contra las empresas que eran pirámides, dado que ellas si colocan en riego el dinero de los nacionales.

A DMG debió habérsele atacado por los crímenes que cometía, cuando de ellos hubiera las pruebas necesarias, dado que durante más de dos años la empresa estuvo bajo investigación y nunca se le encontró nada. Mientras tanto se le debió dejar que funcionara, dado que era mucho el bien que estaba haciendo, dándole al Estado la capacidad de actuar contra las verdaderas pirámides que funcionaban y siguen funcionado, y que si son un riesgo mucho mayor para la economía del país.

Por otro lado, es increíble la doble moralidad con la que en Colombia se maneja el tema del narcotráfico. En un país en que el presidente de la República tiene sospechas emitidas por el Departamento de Estado de los Estados Unidos sobre sus cercanía con Pablo Escobar, en donde el general Naranjo de la Policía Nacional tiene sospechas porque algunos de sus famulares están ligados a grupos narcotraficantes, donde importantes sectores de la economía como la construcción están impregnados de ese dinero; es casi endurecedor ver que cuando el dinero de esas mafias llega a los más pobres, el Estado si actúa con todo su poder.

DMG era una empresa que le estaba dando la oportunidad a miles de pobres de este país de tener una mejor vida. Una oportunidad que ni el gobierno, ni los grandes empresarios o banqueros les ha dado la gana de querer entregar. Gracias a las inversiones que miles de colombianos hicieron en esa empresa, muchas familias tuvieron la oportunidad de tener una mejor vida, llegando a poder las necesidades más básicas que el gobierno nacional nunca ha querido satisfacer. Es eso lo que millones de colombianos gritan hoy en las calles del país, y quienes lo único que quieren es que le devuelvan su empresa.

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