El Barça se reencuentra con Wembley

Fin a la retahíla de clásicos. Barça y Madrid libraron ayer el último encuentro entre ambos en 18 días y pusieron fin a cuatro episodios que han dejado demasiadas cuentas pendientes y han mostrado una imagen negativa de su rivalidad a la vista de medio mundo.

El encuentro de ayer vuelve a las dos lecturas que el otro día contemplamos. La más alegre, expresada por el fútbol del Barcelona, que fue superior sobre todo en la primera mitad, y finalizada con el júbilo por el pase azulgrana; y la menos conforme, la del madridismo y la propia expedición blanca, que aluden a los errores arbitrales, ayer con la anulación del gol de Higuaín una vez el árbitro pitara una falta inexistente de Cristiano Ronaldo a Mascherano.

Nuevamente llego a la misma reflexión del partido de ida. El Barcelona se mostró superior en el global del encuentro y de ahí su pase a la final de Wembley. Las cifras oficiales de la UEFA muestran muchas conclusiones del encuentro de ayer. Diez disparos del Barcelona por dos del Real Madrid, siete a cero en la primera mitad; 64% de posesión azulgrana por 36% del Real Madrid; diez faltas cometidas por los locales y 31 por los visitantes, siendo el equipo que más faltas ha cometido en un partido de la presente edición de la Champions. El tramo final de la primera parte fue un acoso total a la portería de Casillas, que una vez más salvó a su equipo con paradas ante Messi o Villa.

Será imposible que todo el mundo se quede contento con la resolución de la eliminatoria, pues es cierto que un 0-1 del Real Madrid habría igualado algo el casillero y les habría dado más opciones de igualar el resultado de ida. Y también lo es que Carvalho podría haber dejado a su equipo con diez en la primera mitad. Pensar en una conspiración contra el Madrid y un trato de favor hacia el Barça parece muy alejado de la realidad, pero el run-run quedará ahí para próximos episodios.

Esperamos que la borrachera de clásicos deje las mínimas secuelas posibles en la relación entre ambos clubs, que apuntaba a buena con la llegada de Rosell, y entre los futbolistas de la selección española, que deberán olvidar lo ocurrido y retornar al buen ambiente que ha reinado siempre entre ellos.

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