El Barça allana su camino hacia Wembley

El tercer clásico del mes de abril acabó gozando de una intensidad muy alta pese a ser el primero de los dos encuentros de la eliminatoria de Champions. Si bien la previa del encuentro estuvo marcada por el cruce de declaraciones entre Pep Guardiola y Jose Mourinho, lo ocurrido en el terreno de juego dejó muy al margen la polémica entre los técnicos.

Hay dos posibles lecturas de lo ocurrido ayer en el Bernabéu, ninguna de las dos absolutas y ambas con cierta realidad. La primera es la más relacionada con el juego que se vio por parte de los dos equipos sobre el campo. Un Barcelona con mucha cabeza y paciencia controló la posesión del balón que le regaló el Madrid y logró, al contrario de lo ocurrido en Mestalla, hacer circular el balón y crear ocasiones de gol que le hicieron merecedor del premio que tuvo finalmente.

Guardiola logró con pequeños ajustes frenar el contraataque blanco que tanto daño les hizo en la final de Copa. Villa y Pedro mucho más abiertos a las bandas para crear espacios en el centro para Messi, un Alves que tuvo prohibido subir al ataque todo el encuentro, un Puyol que cerró con candado la banda derecha del ataque madridista o un Keita trabajador en el centro del campo y potente en el juego aéreo fueron algunas claves del encuentro. Eso, unido a la dirección de orquesta de Xavi, la definición de Messi y, en conjunto, el juego de combinación del Barça que dejó en evidencia el planteamiento rácano de Mourinho, que jugó para no perder pero poco más. El Barça fue claramente superior contra 11 y contra 10 y de ahí su merecida victoria.

Pero hay una segunda lectura, la más comentada hoy en Madrid y el único tema que resaltó Mourinho en su rueda de prensa. La expulsión de Pepe en el minuto 62 dejó sin un jugador importante al Real Madrid, que desde entonces se vio aún más superado por el Barça y recibió los dos goles del partido. Coincido con la opinión del excesivo castigo para el jugador portugués, que pese a la dura entrada con la plantilla en la espinilla de Alves podría haber visto saldada la jugada con una tarjeta amarilla. También coincido con que el Barça tuvo más fuerza contra 10 y aprovechó el momento para marcar los dos goles de la victoria.

Dicho esto, queda claro que las dos lecturas tienen parte de razón, pero la conclusión es que si alguien mereció vencer ayer fue el Barcelona, eso nadie lo puede negar. Era difícil pensar que, después de obtener demasiado premio en los dos anteriores clásicos con un planteamiento defensivo, el tercero también iba a ir por los mismos derroteros. La actuación arbitral, sin duda criticable, es ahora la perfecta excusa para esconder las precariedades de un equipo blanco que juega muy por debajo de sus posibilidades y no se ve capaz de jugarle de tú a tú a los azulgrana.

Lógicamente, las opiniones de la prensa desde Madrid y Barcelona irán por dos caminos diferentes en los próximos días asociados a las dos lecturas posibles del encuentros. Ni una ni otra cuentan con toda la razón, pues carecerán de objetividad. Esperemos que la borrachera de clásicos no se nos atragante y que la eliminatoria acabe con un vencedor pero dos dignos competidores.

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