El asesino de Oslo reconoce los hechos pero «no la culpabilidad»

El conocido ya como el «asesino de Oslo», Anders Behring Breivik, quien el pasado 22 de julio de 2011 acabó con la vida de un total de 77 personas por medio de un coche bomba colocada en la capital de Noruega, se ha autodeclarado inocente en el juicio celebrado el pasado lunes. Breivik también ha rechazado la legitimidad que le atribuye el tribunal y se ha declarado a sí mismo un «comandante» militar, alegando que no debería encontrarse juzgado ante un Tribunal Penal.

Las imágenes de la masacre que este hombre causó en Noruega continúan hoy en día afectado a la gran mayoría de la población. Con un coche bomba, acabó con la vida de decenas de jóvenes que se encontraban concentrados en la isla de Utoya. Breivik ante la acusación de los jueces de su comportamiento ha alegado que él mismo reconoce todos los hechos que causó, pero que sin embargo no reconoce la culpabilidad. «Actué en defensa propia», concluyó el asesino de Oslo.

Pese a la dureza de las imágenes, y la presión recibida de todos los miembros de la sala y del jurado, en cuanto Breivik fue liberado de las esposas, se giró hacia el público en la sala y realizó un saludo de extrema derecha, entre los que se encontraban familiares de víctimas, supervivientes y periodistas. Breivik alega que dicho saludo representa toda una honra para él, ya que simboliza la fuerza, El honor «y el desafío a los tiranos marxistas en Europa».

Pero lo más llamativo de toda la jornada del juicio fue el momento en el que el asesino de Oslo dejó entrever su faceta más «sensible», ya que no pudo evitar las lágrimas cuando se le expuso en la sala, delante de todos los asistentes, un vídeo de unos 12 minutos de duración, con alto contenido fascista y ultra conservador, que él mismo había creado y difundido el mismo día en que decidió realizar tan brutal masacre.

Hasta el momento el juicio sigue abierto, a la espera de que se considere a Breivik, de 33 años de edad, un enfermo mental, con lo que no será penalmente responsable, o si por el contrario él era consciente de sus actos, a lo que podría cargar con un total de 21 años de prisión de manera prorrogable. Con todo esto, los vecinos, familiares y propias víctimas de la masacre recuerdan hoy en día ese suceso como el más sangriento de toda la historia de Noruega, desde la Segunda Guerra Mundial.

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