Ya han pasado diez años desde el fin de la mili

El Real Decreto de 9 de marzo de 2001 supuso el punto y final a más de 200 años de servicio militar obligatorio. El recuerdo de cabezas rapadas y de jóvenes ejerciendo servicios sociales para cumplir con el deber de su objeción de conciencia quedará cada vez más lejano. Para algunos ya son anécdotas de padres y abuelos, o un rumor lejano de la infancia. Pero lo cierto es que sucedió hace solo diez años.

Aún hay quien entona, como comentan en el diario El Mundo, esa frase tan típica de «a más de uno le vendría bien ir a la ‘mili’ para espabilar». Quizás cierta, aunque hoy en día hay muchas otras formas de espabilarse. Estudiar un año en el extranjero, por ejemplo. Sea como sea, la mili fue durante años una especie de rito de paso a la madurez, carné de conducir incluido. El manejo de armas, el estar lejos del a familia o el someterse a una estricta disciplina actuaban como empujón definitivo hacia el aprender a vivir por uno mismo y a valorar las dificultades de la edad adulta. Todo ello mediante una experiencia forzada, quizás excesiva, que no entendía de carácter ni peculiaridades. Un mismo jarabe para todos, eficiente para algunos y generador de traumas para otros.

Militares en Madrid

Esos tiempos ya quedaron atrás, y así tiene previsto conmemorarlo la titular de Defensa, Carme Chacón, en un acto en el acuartelamiento de Artillería de Fuencarral. «En sólo diez años se ha pasado de un modelo de Fuerzas Armadas en el que cuatro de cada diez efectivos eran reclutas cumpliendo el servicio militar obligatorio, a un Ejército plenamente profesional«, ha destacado la ministra en una nota de prensa reflejada por Europa Press.

Hoy los profesionales de las Fuerzas Armadas, además de serlo porque así lo desean, disponen de un empleo que les garantiza estabilidad y una buena retribución. Pero no solo eso. Enla actualidad formar parte del Ejército también contribuye al desarrollo profesional, algo que sólo se logra con el arma que a nosotros más nos concierne: la educación. Esta institución, con el claro objetivo de captar personal cualificado, pone muchas facilidades para ampliar los estudios y la preparación dentro del ámbito de las Fuerzas Armadas. Tuvimos un claro ejemplo hace muy poco, cuando Chacón anunció que quienes quisieran convertirse en médicos militares podrían estudiar la carrera sin coste alguno, con una instrucción mínima y cobrando un salario. Además, la mejora del nivel educativo de los nuevos soldados también facilita su promoción interna a la escala de suboficiales y a la de oficiales. Informa Europa Press de que un 47% de los soldados que ingresaron en las Fuerzas Armadas disponían de estudios superiores a la Educación Secundaria Obligatoria. Un porcentaje que supera en 21 puntos el de 2005.

Con el fin de la mili, e ideologías siempre a parte, hemos salido todos ganando. Quienes quieren formar parte del Ejército, lo hacen porque quieren y se benefician de las ventajas de una profesión minoritaria e incluso estigmatizada. Y quienes no, simplemente tienen la posibilidad de mantenerse alejados de este mundo durante el resto de su vida. Nadie jamás les obligará a coger un arma si así no lo desean. Y ojalá esta situación se mantenga durante mucho tiempo.

Foto: Esperando por Roberto García Fadón en Flickr.com.

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