“Con ‘Putas a la fuerza’ mi intención era que quedase constancia de un testimonio real»

Moisés Peñalver es periodista y escritor, pero tiene un rasgo muy particular que caracteriza positivamente sus libros: la pasión por las evidencias y los testimonios reales. En esta entrevista charlamos largo y tendido alrededor de sus vivencias. Experiencias sobre el terreno que le han hecho forjarse interesantes y, en ocasiones, polémicas opiniones alrededor del crimen y la prostitución. El autor de «Putas a la fuerza» y «El CSI español», en exclusiva para QLiteratura.

A Moisés Peñalver ya le gusta Qdiario

  • Yo tengo una visión muy particular, que es que las prostitutas actúen legalmente en un piso, que se den de alta de autónomos y que tengan todos los derechos y todas las obligaciones
  • La sociedad es la que está permitiendo que la prostitución no esté penada
  • Hoy somos un poco menos Charlot y un poquito más Agatha Christie

Ficha Técnica
Nombre: Moisés Peñalver.
Fecha y lugar de nacimiento: Jerez de la Frontera, 1961.
Profesión: periodista, escritor y criminalista diplomado
Publicaciones: El CSI español, Putas a la fuerza, 100 maneres de descobrir un crim.
Página web: csiespanol.com

Moisés Peñalver (Jerez de la Frontera, 1961), periodista, escritor, criminalista, siempre ha dado buena cuenta de la cara más sórdida de la sociedad. Él y el crimen se encuentran íntimamente relacionados a través de una larguísima trayectoria en diferentes medios escritos que ha dado como resultado tres libros, el último de ellos 100 maneres de descubrir un crim (100 formas de descubrir un crimen, Cossetània, 2009). Peñalver empezó en Algeciras, lugar de inmigración ilegal y tráfico de droga. Esa sería su primera (que no última) incursión en el periodismo de sucesos. De allí se trasladaría a Canarias y, finalmente, a Cataluña. Sus diez años en el Diari de Tarragona como periodista policial y judicial le valieron un bagaje que se vería plasmado en sus reportajes de investigación para la revista Playboy y, como no, en su primera publicación: El CSI español (Belacqva, 2004). Su segundo libro, Putas a la fuerza (Lectio, 2006) es el cruel testimonio de cinco mujeres que fueron obligadas a ejercer de putas en nuestro país.

De sus vivencias con las víctimas de las mafias de trata de blancas, de sus controvertidas revelaciones, de sus proyectos y de su experiencia como criminalista diplomado, hablamos en esta entrevista.

Putas a la fuerza o la esclavitud sexual en el siglo XXI

Cuando decidiste iniciar la investigación ¿cómo contactaste con las chicas que conforman el testimonio?
En el libro hay un apartado que se llama Tomas Falsas en el que explico un poco la aventura. Evidentemente, esta gente evitaba dar ningún detalle, nada que pudiera relacionarles con el tema de las mafias que estaban detrás de ellas. Entonces vi que no podía escribir un libro yo solo. Acudí a los Mossos d’Esquadra, a la Guardia Civil y al Cuerpo Nacional de Policia y les pedí que ellos buscasen en sus archivos o en sus memorias. Hay una diferencia entre la realidad y lo que está en el libro en cuanto a que yo he ocultado todo lo posible ¿Por qué? Hay chicas que se han casado, que tienen una vida nueva. Ni el marido ni nadie sabe su vida anterior. Descubrir esa especie de vida secreta a través mío era una especie de “putada”. También habían amenazadas de muerte, entonces decidí que si una chica era de Rumania y había trabajado en una floristería, yo ponía que era una camarera de Rusia.

Aún con esas precauciones ¿tuviste dificultad para conseguir que testificasen?
No tuve una especial dificultad puesto que, como periodista de sucesos, había trabajado diez años en el Diari de Tarragona y tenía muchos conocidos en los cuerpos de seguridad. Las chicas no tuvieron una gran problemática en explicarlo. Sí que es verdad que no dominaban muy bien el lenguaje, no eran personas que tuvieran una oratoria muy brillante, y a veces era tortuoso. Mi intención era que quedase constancia de un testimonio real. Como en las películas: basado en hechos reales.

Según la experiencia acumulada gracias a tu libro, una chica que caiga en una de estas redes de trata de blancas ¿con qué se encuentra?
El tema de la prostitución es muy complejo. Hay prostitutas que dicen que las han secuestrado y que están por la fuerza y cuando las liberan las vuelves a ver en el mismo sitio… o sea, han falseado su declaración. La prostituta secuestrada es básicamente una chica captada en su pueblo. En Moldavia, en Rusia, en Rumania, en Hungría… y que ha sido engañada diciéndole que viene a España a través de un conocido. La chica llega a Barcelona y aparece un tipo, la coge, la mete en un piso y le dice que la realidad es que viene a hacer de puta. La chica empieza a gritar, le meten una paliza, la desarticulan psíquicamente, la dejan encerrada y vuelven a venir al día siguiente. Uno de los mafiosos le dice, tú, además, serás mi novia, la vuelven a violar y cuando esa persona ya ha perdido toda la dignidad, entonces le dicen: en el momento en que tú te niegues a hacer de puta, a parte de partirte las piernas vamos a matar a tu hijo, vamos a matar a tu padre, vamos a matar a tu hermano. Con lo cual, te vamos a poner en una carretera.

Una amplia trayectoria en el periodismo de sucesos

¿Crees que hay mujeres que ejercen la prostitución por voluntad propia?
No todas son secuestradas, sino que también hay que libremente ejercen la prostitución para enriquecerse. Que dicen, bueno, yo trabajando en un supermercado gano 800 euros al mes (más o menos como un periodista) y trabajando como puta gano 6.000. Alguien que se ha acostumbrado a vivir con 5.000, 4.000 o 6.000 euros al mes, que se compra sus bolsos de Dolce&Gabbana, que está ahorrando para comprarse un piso en Rumanía… De golpe y porrazo le dicen, vale, ahora hemos dignificado tu vida, eres una persona libre y ahora tienes que trabajar limpiando escaleras o llevando frutas a una frutería, y cobrarás 700 euros al mes. Claro, pueden empezar a hacerlo, pero lamentablemente no continúan.

¿Eres de los que está a favor o en contra de la regularización?
Con lo que hay que acabar es con el proxenetismo. Es muy similar al tema de la droga, es un tema universal. Es decir, si tú legalizas la droga en España, sería un cachondeo si no la legalizas también en el mundo porque entonces esto sería un paraíso, por decirlo de alguna manera, se llenaría de drogadictos. Creo que tendría que haber una actuación única europea de regularización. Hay un debate largo, extenso y muy pesado, sobre la legalización de la prostitución o sobre la prohibición total. Todos los sociólogos dicen que con la prostitución no se podrá acabar nunca porque forma parte de la historia de la vida del hombre. Pero no la legalizas, y como no lo legalizas, no la controlas. Y como no la controlas, pueden matar a cualquier prostituta en una carretera y tirarla a la cuneta sin estar identificada. No aparece ningún familiar, no sabemos ni quién es.

¿Realmente crees que es necesario modificar el sistema judicial español o ya contamos con las herramientas necesarias?
Hay herramientas, pero no se utilizan. Yo no soy un legalista, pero en mi opinión es un desastre. Esto ya tendría que haberse acabado hace tiempo y no se acaba nunca. Pero también te digo que no sólo es el sistema judicial, es la sociedad la que está permitiendo que la prostitución no esté penada. ¿Qué pasa cuando se detiene a una célula de cuatro o cinco proxenetas? Ellos están en prisión provisional durante un tiempo determinado que la ley establece. Si pasan los seis, siete u ocho meses, y no se ha juzgado el caso, pues el abogado pide que haya una liberación provisional hasta la celebración del juicio. Como la justicia en España va como va, es probable que un juicio se pueda celebrar a los cuatro o cinco años. Con lo cual, el señor sale de la cárcel, se marcha a Rumanía y vuelve a coger chicas y las trae otra vez y así vamos toda la vida.

¿Podemos realmente erradicar el llamado ‘oficio más viejo del mundo’?
Ocurre que hay un círculo vicioso en el que todo el mundo se queja de la prostitución pero todo el mundo consume prostitución. Yo tengo una visión muy particular, que es que estas señoritas actúen legalmente en un piso, que se den de alta de autónomos y que tengan todos los derechos y todas las obligaciones. Pero como no se ponen nunca de acuerdo, ni siquiera en el Parlamento Europeo, donde ya se han llevado varias propuestas, pues pienso que aquí hay un culpable, que es el cliente. El que hace que haya prostitución es el hombre que va a la prostituta. El 50% de la gente que está a tu alrededor, va de putas. Pero claro, no lo dice nadie. A mí me preguntaron una vez ¿usted va de putas? Yo sí he ido de putas. Y podríamos decirlo un poco todos, porque entre despedidas de soltero, todas las farras de jóvenes que acaban en un puticlub… Yo quise tener esa experiencia y la verdad es que me pareció (y no me tituléis por aquí) que son relaciones frías. Básicamente la prostituta es, en muchos casos, una psicóloga. Es una persona que oye el problema del señor casado. La prostitución es una especie de diversión o válvula de escape. Pues yo creo que multando al cliente se acabaría con la prostitución.

Estudió Criminalística para especializarse

El CSI Español o lo difícil de cometer un  crimen (sin que te cojan)

Eres diplomado en Criminalística con un posgrado de Infoanálisis y Técnicas avanzadas en Ciencias Forenses por la Universidad Autónoma de Barcelona ¿A qué se debe esta afición?
Ya sabes lo que es el periodismo, saber un poco de todo y no saber mucho de nada. Yo soy una persona hecha a mí misma, como el anuncio. Estuve trabajando en el Diari de Tarragona y me asignaron hacer información de tribunales y policial. Yo hacía el cierre del periódico, así que entraba a las ocho de la noche y salía a las dos o a las tres de la madrugada. Siempre iba a cenar a un sitio de carretera donde iban todos los policías. Y entonces empecé a conocer policías y el director del periódico pensó que yo podía hacer la sección de sucesos. Cada día a la comisaría, a la fiscalía, a la audiencia provincial y tratando con policías durante diez años hicieron que tuviera una cierta base de conocimiento policial y de investigación. Así que elegí la carrera de especialista en policía y tribunales. Hice un posgrado que se llama Criminalística y estudié algo de Criminología en la UOC. Más que nada para formarme con la finalidad de escribir sobre el tema. Estando en la revista Playboy me llamó una editorial y me sugirió un libro que era El CSI Español.

¿Crees que la ficción televisiva ha ayudado bastante a ese interés que actualmente despierta todo aquello relacionado con la medicina forense o la investigación criminal?
La ficción lo que ha hecho con la policía científica es ponerle color, ponerle velocidad. Por ejemplo, cuando hice el libro yo fui a la Comisaría General de la Policía Científica del Cuerpo Nacional de Policía, estuve hablando en Madrid y viendo cómo hacían las pruebas de ADN. Allí se tarda tres o cuatro meses en hacer un análisis de ADN. Paralelamente estaban emitiendo CSI en televisión, donde tardan diez minutos.

Pero, sinceramente y gracias a tu experiencia como criminalista ¿es real todo aquello que vemos en pantalla?
Curiosamente me llamó Isabel Gemio de Onda Cero cuando quemaron el edificio Windsor y me preguntaba que si por una imagen de una ventana, donde aparecen dos siluetas de los presuntos pirómanos, podemos saber quiénes son. Ampliándolo, como lo vemos en la tele. Hombre no, hay una cosa que se llama píxel, de aquí no puedes pasar. Y si tienes una resolución, esa resolución no la puedes ampliar más. ¿Qué hace el CSI? Lo que hace es eso, complementar la televisión, esa fase a la que tú no llegarías. Ellos van siempre a 200 por hora.

¿A qué cree que se debe la proliferación de, no sólo literatura, sino series y programas relacionados con la investigación científica?
La sociedad consumidora de ficción policial ha tenido un cambio. No se por qué, pero ha habido un cambio. Antes había una pasión por las persecuciones, las peleas, las pistolas y los disparos, nos interesaba más saber quién era el asesino… y ahora nos interesa más saber cómo se ha hecho el proceso. Creo que forma parte un poco de que hay una culturización de la sociedad. Quizás somos más participativos en cuanto a la ficción policial de ahora y menos espectadores de mamporrazos para reírnos. Menos Charlot y un poquito más Agatha Christie.

En tu sección radiofónica en RAC 1 juegas precisamente a eso, el crimen es como un rompecabezas para los oyentes…
Esto es una prueba casi sociológica que me propusieron. Quisimos saber si la gente respondía a la llamada de proponerles directamente que fueran policías científicos. Esta misma sección de radio la voy a volcar en un libro que se llamará Crims sense resoldre (Crímenes sin resolver). Añadiré algunos elementos más con la intención de saber hasta qué punto la gente quiere participar o tiene interés en la resolución de los crímenes. Lo haré de una forma novedosa, pondré mi Facebook al servicio de los lectores, crearé un Twitter o un microsite, o un blog… Sea donde sea, quiero tener un feedback con el que lea el caso y darle pistas, que me diga sus apreciaciones sobre el porqué, el cómo. Para jugar un poco a detectives. Creo que no se ha hecho nunca, esperemos que tenga éxito.

Con libros como el tuyo ¿no crees que los criminales potenciales disponen de suficientes pistas como para cometer al crimen perfecto?
Había una queja entre los fiscales ingleses sobre las series de televisión porque decían que estaban explicando cómo son las técnicas para descubrir a un delincuente. Y yo digo ¿y no es mejor decirles que tenemos una cantidad bestial de elementos para descubrirles? Hay cosas realmente sorprendentes, como el pasaporte vocal. En las amenazas que se hacen por teléfono, con una grabación, se puede hacer una medición de las vocales y numerarlas. Es alucinante la cantidad de cosas que se pueden hacer. La policía científica coge ese portátil que tienes ahí, lo embadurna con una especie de vapor de pegamento, lo calienta en un horno, apaga las luces, enchufa una luz amarilla y está todo lleno de huellas. Y esa huella la llevan al Servicio Automático de Identificación Dactilar (SAID), la meten allí y dicen: este señor es este señor.

¿Es el CSI el futuro de la investigación criminal?
Sobre todo a partir de ahora, ya que con el tema del ADN ha habido un antes y un después brutal. Un tío en Estados Unidos que tiene un programa de televisión pidió a las familias de gente que estuviera en la cárcel por asesinato, o en el corredor de la muerte, que le aportasen detalles del caso si realmente pensaban que era inocente, y aplicó las pruebas del ADN. Creo que ya ha sacado de la cárcel como a 200 personas. Es decir, más del 50% de los casos juzgados hasta ahora podría dar un resultado diferente al que han dado si se aplicasen las técnicas actuales. Pero esto es sólo el principio. El futuro de la policía científica será el estudio de los restos orgánicos mínimos que entran en contacto con una superficie.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...