China comienza a sufrir de lleno los efectos de la crisis

Las exportaciones comerciales en China registraron su mayor caída en diez años en el ejercicio del mes de noviembre. Una vez presentados los datos, los economistas confirmaron que la crisis global es mucho peor de lo que los pronósticos auguraban.

Las exportaciones comerciales en China registraron su mayor caída en diez años en el ejercicio del mes de noviembre. Una vez presentados los datos, los economistas confirmaron que la crisis global es mucho peor de lo que los pronósticos auguraban.

Los informes presentados por el gobierno chino el día 10 de diciembre muestran que las exportaciones cayeron más de un dos por ciento durante el último año, una caída que no se había repetido desde finales de la década de los 90.

Pese a las noticias negativas que día tras día se suceden en los mercados de todo el mundo, la caída de la actividad de mercado en China ha sorprendido a numerosos analistas. Los economistas coinciden en que las protestas laborales han aumentado de forma progresiva durante los últimos meses, a causa de la desaceleración comercial que el gigante asiático empieza a sufrir. Las protestas laborales han repercutido de forma muy negativa a la productividad, que también se ha visto notablemente afectada sobre todo durante el último mes de noviembre.

Hasta el momento la mayoría de los analistas habían pronosticado un aumento en la actividad comercial de exportación en China, incluso los que pronosticaron un descenso, no habían previsto algo tan contundente. Y es que durante el mes de octubre las exportaciones aumentaron casi un 20 por ciento, respecto al ejercicio del año anterior.

El futuro tampoco es muy luminoso, ya que durante las últimas dos décadas el espectacular crecimiento de la economía china se ha alimentado sobre todo por las exportaciones y la inversión de empresas extranjeras, la mayoría de ellas habiendo realizado un proceso de deslocalización, ya que conseguían reducir los costos de producción, y obtenían suculentos beneficios gracias a las políticas liberales del gobierno chino, basadas en una no intervención en los asuntos privados de las empresas y en las negociaciones salariales.


La inversión de empresas extranjeras en China se redujo un 36,5 por ciento durante el último año, según ha confirmado recientemente el gobierno.

Durante los últimos meses, la paralización del mercado ha llegado también al territorio asiático, y a causa de la caída en la demanda de exportaciones se han comenzado a cerrar importantes fábricas en la delta del río Perla del Sur en China, una de las regiones más industrializadas del país. En apenas un trimestre han surgido decenas de miles de desempleados, que ahora vagan por las calles en búsqueda de un nuevo trabajo, y que no han recibido todavía ninguna paga retroactiva. A las propuestas de los trabajadores que exigen mejoras inmediatas en su puesto de trabajo hay que sumar, además, las de los desempleados, que se ven asfixiados ante la inflación y la falta de ingresos.

A finales de noviembre, el Presidente chino Hu Jintao advirtió ante los medios que la crisis mundial podría sepultar las últimas tres décadas de crecimiento económico y expansión en su país. Jintao se refirió a las protestas declarando que en la actualidad, China se enfrenta a una creciente tensión en su población, escasez de recursos y problemas relacionados con el medio ambiente, que perjudican de forma considerable la aplicación de una serie de reformas para lograr un crecimiento económico ligado al desarrollo sostenible.

Una vez sacados a luz los datos, los analistas estiman que la fuerte caída en el mercado en territorio chino pone en una situación aún más difícil a la industria, lo que servirá para depurar determinados puestos en Beijing con el objetivo de estimular la actividad económica, ya que todo apunta a que se llegará a un cierre de fábricas en las zonas costeras durante los próximos meses.

La desaceleración de las exportaciones en el mercado chino supone también un duro golpe para el crecimiento económico mundial. Las cifras de comercio confirman a estas alturas que, contrariamente a lo que el gobierno chino había pronosticado, China no será el salvador de la economía global, ya que ha sufrido una caída en el mercado similar a la de Estados Unidos, Europa y Japón, como muchos economistas habían pronosticado. De hecho, cuando se ponen sobre la mesa los signos económicos de la caída de mercado en China y se comparan con los de Japón, la imagen de Asia ha cambiado considerablemente, pasando de ser la región que más rápido crecía y que sorprendía mes a mes al mundo, a convertirse en un lugar en el que se propaga a diario cada vez más un gran pesimismo económico.

A la caída de las exportaciones hay que añadir otras presiones que recaen desde hace meses sobre el gobierno chino. El mercado de valores y el sector inmobiliario sufrieron una burbuja especulativa que explotó poco antes del verano, la producción industrial está en declive y parece que sin frenos, ya que mes a mes las protestas laborales aumentan, y las fábricas se cierran también con cada vez más frecuencia.

Durante el último mes de noviembre, el gobierno chino inyectó más de quinientos mil millones de euros con el fin de estimular la recuperación de la actividad económica. Antes de aplicar esa medida, el gobierno también redujo los tipos de interés, los impuestos en las actividades del mercado de valores, y anunció además otras medidas encaminadas a levantar el consumo interno, con la esperanza de que con ello se pueda compensar la caída en las exportaciones.

Las importaciones también han caído, aunque era un dato prácticamente admitido por todos. En total, casi un 18 por ciento menos de actividad de importación, mientras que el superávit comercial ha bajado por primera vez en una década.

La Radio Nacional de China informó que el gobierno está trabajando desde que se conocieron los datos en el comercio para lograr ampliar el gasto público y recortar aún más los impuestos durante el próximo año 2009, con el fin de estimular la creación de empleo y reforzar la agricultura, la seguridad social, la educación y las pequeñas y medianas empresas.

El gobierno también pretende lograr estabilizar el crecimiento económico, ya que durante los últimos meses, reconoció, la no intervención en el mercado nacional ha perjudicado la actividad comercial.

Sin embargo, pocos son los que confían en que el gobierno chino pueda a estas alturas ponga freno a la caída de la actividad económica, a las convulsiones políticas que sacuden sobre todo las regiones menos industrializadas del país, y a la agitación creciente sobre todo en las ciudades donde habitan los desempleados de las fábricas que cierran y vuelven a sus países de origen.

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