China apunta a la Luna

China escala progresivamente su ascenso al olimpo de las naciones. Lo hace despacito, con buena letra pero sin retroceder un milímetro. ¿El objetivo de la superpotencia? Arrebatar la supremacía mundial a quien hace tres cuartos de siglo que la ostenta, Estados Unidos, que mira con preocupación el meteórico ascenso del gigante asiático sin poder hacer otra cosa que eso mismo, observarlo con detenimiento. Y aunque hace ya más de dos décadas del fin de la Unión Soviética y algunas más del final de la carrera aeroespacial, sellada en 1968 con victoria norteamericana, China sabe que la política internacional es una cuestión de gestos, o más bien de gestas, como la llegada a la Luna, que es justamente lo que el gobierno chino quiere emular.

Así lo confirmaban hace poco instancias gubernamentales; China pretende enviar una nave no tripulada a la superfície lunar en menos de cinco años, lo que sin lugar a dudas constituiría un paso previo a la llegada de la primera expedición tripulada a nuestro satélite procedente de este país, la segunda en la historia de la humanidad. El logro situaría a coronaría el esfuerzo que el país asiático está realizando por convertirse en una superpotencia espacial y vendría a situarle en pie de igualdad con Estados Unidos, al menos en este terreno.

Según viene especificado en el Libro Blanco de las Actividades Espaciales de 2011, un documento donde se establecen otras metas de la carrera espacial china y que fue presentado por el gobierno chino enmarcado dentro del Plan Quinquenal 2011-2015. Sería pues prioritario desarrollar durante los próximos cinco años una técnica de alunizaje suave que más tarde permitiría poder transportar personas con seguridad. Eso sí, para su llegada definitiva al satélite terrestre, China no se ha fijado todavía ninguna fecha concreta, pero dado que se suele fijar sus objetivos en plazos de cinco años, sería probable que sucediera entre 2020 y 2025.

Desde Estados Unidos ven con recelo el programa espacial chino por su carácter totalmente militar y por los tintes hegemónicos que suscita. China ha calmado los ánimos, como ya es costumbre en las relaciones diplomáticas de los últimos años entre las dos superpotencias, que mantienen relaciones comerciales de primer nivel de las cuales ninguno de los dos países puede prescindir. El Ministerio de Asuntos Exteriores chino ha manifestado su explícito deseo de hacer uso del espacio de manera pacífica y ha afirmado su intención de colaborar internacionalmente en este sentido.

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