“En mi casa se escuchaban los discos de Eugenio, Gila, Paco Gandía o Ramón”

Berto Romero, el número dos de a bordo de Andreu Buenafuente, nos recibió en El Terrat para hablar de su momento actual, su trayectoria y todo lo que le ha llevado hasta la gran oportunidad de ser protagonista de uno del late show por excelencia de la televisión española actual.

Berto Romero se ha convertido en uno de los humoristas más populares del panorama nacional gracias a su don para el humor y a ser el brazo de derecho de Andreu Buenafuente. Sólo los que le siguen desde hace año conocen una amplia trayectoria que llamó la atención de su actual ‘jefe’, con quien ahora compite en cada programa para ver quién hace reír a quién. Detrás del Berto que siempre nos hace reír hay muchos argumentos para comprender que el humor, además de llevarlo dentro, hay que cultivarlo con trabajo.

A Berto ya le gusta Qdiario

  • El nacer humorista fue un proceso normal: mi padre fecundó a mi madre y de ahí todo lo demás
  • Se apuesta por un humor que dé audiencia rápida, como en todos los programas
  • Tengo la suerte de que mi trabajo me plantea muchos retos

Hablamos con...

Nombre: Alberto Romero Tomás
Nacimiento: Cardona, 1974
Actualmente Humorista en Buenafuente.
Teatro: Fundó y dirige la compañía El Cansancio, con quien ha finalizado la gira de su última obra, La Apoteosis Necia.
Curiosidad: no lleva cristales en sus gafas.
Pasión: Hablarle de su época en la radio hace que se le iluminen los ojos.

¿Uno nace o se hace humorista? ¿Cómo se hizo el Berto humorista?
Yo creo que las dos cosas, siempre hablo de una proporción de 20% y 80%. El 20 es lo que tienes y el 80 lo que te tienes que currar. El nacer es el talento, el carisma, la habilidad… lo que traes de fábrica y la gente identifica, notas que cuando hablas la gente se ríe. El resto se hace. Hay gente mucho más graciosa que yo pero igual no lo han trabajado tanto. En mi caso el nacer humorista fue un proceso normal. Mi padre fecundó a mi madre y de ahí todo lo demás. Son bastante graciosos ellos, cada uno a su manera. En mi casa siempre se ha cultivado mucho el sentido del humor, nos hemos tomado las cosas a cachondeo. Aunque es cierto que soy el único que se ha dedicado a esto, no hay cómicos ni artistas.

Como todo humorista, contarás con influencias del presente y el pasado que han hecho tu forma de actuar…
Siempre digo que todas porque me ha gustado mucho el género. En mi casa se llevaban mucho los discos de humoristas y se escuchaba a Eugenio, a Ramón, a Paco Gandía, a Gila… Luego en mi época de adolescente entran a fuego Faemino y Cansado, Monty Python’s, los Simpson, Rubianes y cuando desubro a Woody Allen me vuelvo loco. A partir de ahí no he parado de consumir productos humorísticos de todo tipo, extranjeros, nacionales, de ‘mayor’ o ‘menor’ nivel. Todo lo que tragas más lo que pongas tú es lo que forma tu estilo.

¿Es muy diferente el humor que gusta en España con el de Cataluña, tú que has podido conocer bien a ambos públicos?
Con eso soy muy respetuoso porque pienso que si supiera cuál es el humor que gusta en España, en Cataluña o en mi pueblo siempre lo haría bien. Y no es así porque no le gusta a todo el mundo lo que hago ni hay estatuas mías en todos los pueblos de España. También he tenido mis fracasos como un programa de televisión que no tenía una audiencia espectacular como para mantenerlo. La varita mágica no la tenemos ninguno. Y el tema de las etiquetas es algo que me tiene roto. La gente pone etiquetas y funcionan para orientarte como señales de tráfico. Pero cuando hablan de humor absurdo, inteligente, catalán, español, inglés, manchego… no lo entiendo. Por ejemplo, cuando hablan de humor catalán hablan de Andreu, de Eugenio o de Capri. Pero, ¿se meten también a los Calatrava que son de Mataró o a Jaimito Borromeo que es de Tarragona? Y en cuanto al humor inteligente se te supone que lo estás haciendo para una élite y no es así. Incluso los más reputados humoristas a los que se ha etiquetado como inteligentes como Woody Allen o Monty Python’s nunca han despreciado un buen chiste de ‘caca’ o de caerse por el suelo. Los que son inteligentes, absurdos, catalanes o vascos son las personas. Yo aún estoy aprendiendo mucho de cómo funciona el humor. Si algún día te digo que tengo la fórmula imagen es que ya seré imbécil del todo (sonríe).

¿Las televisiones actuales, dan espacio suficiente al formato humorístico?
Yo me he descolgado mucho de lo que se está haciendo en televisión. El programa es una especie de isla porque hacemos el ‘late show’ y no tenemos mucha competencia porque no hay otros. Se ha apostado mucho por el humor en los últimos años, hay más formatos de los que había, pero me da la sensación de que se está frenando. Se apuesta por un humor que dé audiencia rápido como todos los programas. Hay cantidad, porque hay muchas televisiones, pero la voluntad no es favorecer el humor. Eso sí, al final si algo funciona encuentra su hueco.

¿Contamos con una buena generación joven de humoristas en España?
Yo creo que sí. De un tiempo hacia aquí, mi generación ha sacado muchísimos humoristas que están en activo haciendo proyectos, monólogos… Sobre todo a raíz de la creación de Paramount Comedy creció mucho. No veo los que tendrían que venir por detrás, pero habrá que esperar.

Berto ha finalizado la gira de La Apoteosis Necia en Barcelona / Foto: Qdiario

¿Quién te hace reír más a ti?
Muchas cosas y normalmente cosas serias. Me hace mucha gracia la gente que hace humor sin querer. Cuando alguien usa un tono demasiado rimbombante para algo que no lo es. Trabajando en esto te vuelves muy sutil. Yo soy muy buen espectador pero hay humoristas que cuando ven humor no les hace gracia porque ven las trampas y la arquitectura. A mí si me gusta me río como un desgraciado y a muerte con ello.

¿Cómo se rehace un humorista de los malos momentos para ponerse ante el micrófono o la cámara y hacer reír al público?
Con algo que debería usar todo el mundo que es la profesionalidad. Es como si voy a un restaurante y quiero que el camarero me atienda bien aunque no tenga su día, y si no pones una hoja de reclamación y pides que venga el cheff. Como trabajamos con emociones llama la atención que lo podamos hacer. Yo en la temporada pasada viví momentos difíciles con la enfermedad de un amigo y he llegado al programa tocado y casi hundido, con la quilla para adentro. Pero eres profesional, adoptas el tono y sales y te ríes. A veces incluso te sale mejor porque es un trabajo de gestión emocional. Es extraño ver que haces reír a la gente cuando estás mal, pero también me ayuda a pensar que seguramente en casa habrá gente igual o peor y le haces pasar un buen rato.

¿Has visto en tu carrera a grandes humoristas que, sin embargo, no han cosechado tu éxito?
Normalmente no. Cuando he visto a gente que no tenía suficiente éxito es porque estaba en una etapa previa, pero cuando he visto talento en alguien siempre ha tenido su oportunidad. La gestión del talento es complicada porque se trabaja en equipo, hay que saber llevar tu ego de forma adecuada y he visto a gente que no lo ha sabido hacer, ha despuntado un poco y luego se la ha pegado. Siempre digo que hay gente que tiene la sensación de que está en casa y no le vienen a buscar. Esa actitud me parece mal, no te van a venir a buscar, te tienen que pillar currando. A mí me oyó Andreu en la radio en un programa que costó mucho; luego me vio en el teatro después de siete años de trabajo. Necesitas currar mucho, nunca sabes cuándo puede llegar la oportunidad. Es complicado porque cada uno ve su talento y hay quien se cree que lo tiene y no es así. Si lo tienes y curras al final tendrás esa oportunidad, no hay tanta gente aunque el nivel es alto.

¿A quién llevarías siempre a primera fila de cualquier espectáculo donde actuaras?
A nadie en especial. Me he encontrado a gente que se ríe mucho pero ahora mismo no sé cómo se llaman (sonríe).

¿Qué perspectivas de futuro y proyectos tiene El Cansancio una vez acabe la representación de La Apoteosis Necia?
La obra ahora se detiene porque venimos de ocho años de representación ininterrumpida y necesitamos un parón para perdernos de vista. Esta última gira la queríamos cerrar bien porque hemos ido a grandes teatros, llenos y la gente venía con ganas de vernos. Hacemos el fin de temporada en el Coliseum y nos daremos unos seis meses de descanso. Luego la intención es hacer la nueva obra en septiembre, El Consuelo del Labriego, que está casi hecha.

¿Ha ayudado tu aparición en Buenafuente para que la gente conozca más El Cansancio?
Sí. La televisión es un amplificador bestial. La gente se da cuenta de que existes y de la misma forma cuando desapareces se piensa que has fallecido de un accidente. Pero igual estás en la radio, en el teatro o en una televisión local. Desde que salgo en televisión empieza la demanda grande del espectáculo y en el primer cuarto de hora no tienes que vender lo que hay, ya saben quién eres. Ha ayudado de las dos maneras porque para llegar a la televisión mi trabajo fue con El Cansancio, y después la popularidad de la televisión ha repercutido en la compañía.

¿Por qué prácticamente cada año hacíais un programa de radio diferente y no tenía continuidad pese a su éxito?
Por las circunstancias. Empezamos con Ultimàtum a la terra, que era un magazine extraterrestre de una civilización que venía a exterminar la raza humana en el septiembre del año que viene. Esa historia acababa con la destrucción de la humanidad y se cerraba. Al año siguiente abrimos a un magazine normal con cinco días semanales. En la tercera temporada teníamos media hora diaria metida dentro de otro magazine que era el Incidente Kaplan y decidimos buscar otro camino.

Tus compañeros de El Cansancio, ¿pueden también vivir del humor o no han tenido es fortuna?
Sí, Rafel es guionista de Buenafuente y Miquel pone voces en el programa y lleva el peso del teatro en El Cansancio.

¿Es verdad que el personaje de Leonardo da Viola era tu madre? La audiencia de entonces aún tiene la duda…
Sí. Primero fue el general Julius Aeronfix, que era el comandante jefe de los ejércitos que iban a exterminar la tierra. Después fue Leonardo da Viola, que era un inventor loco que hablaba con nosotros. Y era mi madre sí, y además con voz de madre, sin filtro. Mucha gente pensaba que era un hombre con voz aflautada pero no. Yo ahí descubrí a mi madre y vi que era espectacular, con una creatividad brutal.

No os perdáis esta canción de Berto en una de sus actuaciones con El Cansancio

¿Se llegó a desvelar qué era el Incidente Kaplan?
-No, jamás (risas). En realidad no era nada, pero tenía una explicación. El Incidente Kaplan basa su nombre en George Kaplan, que era el personaje que interpreta Cary Grant en Con la muerte en los talones. Pero George Kaplan no es su personaje sino la persona con la que le confunden. Su nombre es Roger Thornhill y le confunden con George Kaplan, que es el nombre de un supuesto agente secreto que en realidad no existe, es una tapadera de un servicio secreto para hacer operaciones. Es como una sombra. Lo que nos gustaba era que nada era cierto. El Incidente Kaplan lo que dice es que todo el programa era falso y la voluntad era hacer un programa de radio que pareciera. Es bonito, ¿eh? Y nadie lo descubrió.

Café de lunes por la mañana
Muy cansado y con un café solo en mano, esa era la apariencia inicial que nos ofreció Berto al entrar en la sala donde nos atendió en las instalaciones de El Terrat en Sant Just Desvern. Sin embargo, parece que la ‘chispa’ y el humor siempre permanecen en él. “Tú hazme las preguntas y si me sé la respuesta te la digo”, dijo entre sonrisas para empezar. Nada parco en palabras, Berto quiso argumentar muy bien sus respuestas y no dejó pasar la oportunidad de hablar de algunas de sus pasiones. La radio y algunos de sus episodios más recordados le cambiaron el brillo de los ojos. En las fotos, el logo de Qdiario sufrió sus primeros desperfectos, con manchas de café tras el bocado de Berto y alguna ralla del ‘meneo’ que le dio entre tanto posar y posar. Bienvenidos sean los desperfectos.

¿Sigues con el gusanillo de la radio como para volver en un futuro?
Sí, siempre va a estar ahí y creo que volveré. Además hicimos una radio muy mimada, con muchos detalles sonoros, incluso con varios planos de sonido. Bromeábamos con que la gente tendría que oírlo con unos auriculares y los ojos cerrados.

¿Cuál fue el sitio y el momento adecuado donde estuviste para tener tu gran oportunidad?
En la segunda temporada de radio recibimos un email de un directivo de El Terrat, Xavi Pons. Nos dijo que nos quería conocer. Luego me enteré de que había sido cosa de Andreu, que siempre está escuchando la radio y atento a todo. Empezamos a colaborar con El Terrat, igual demasiado rápido, con un programa para TV3, El Gran què, que no funcionó. La cosa se enfrió pero Andreu me vino a ver al teatro y quiso volver a probar, es muy insistente. Lo demás lo vio todo el mundo. Mi proceso de aprendizaje en televisión estuvo a la vista. Hicimos de la necesidad virtud con la historia de que yo era el sobrino de Andreu, era nuevo y no sabía nada de televisión.

¿Cómo se puede explicar en pocas palabras qué ha sido y es el Terrat?
El Terrat es el nombre de una productora que está llena de gente que al final han sido mis amigos. Está dirigida por Andreu Buenfuente, que ha sido uno de mis iconos y ahora también es un amigo. Es una productora potente pero tampoco es un monstruo. Cuida mucho los productos que hace y, en mi caso, siempre he estado muy a gusto.

El Berto humorista lleva ya muchos años recorriendo programas de radio y escenarios, ¿qué queda del Berto de los inicios en el que vemos ahora cada noche?
No tengo ni idea. Soy muy poco de mirar hacia atrás, me parece un ejercicio estéril y frecuentemente doloroso. Lo que espero que quede es la misma ilusión de entonces, y me consta que es así. Ahora es mejor porque es aquella versión de mí con más madurez, más sentido común y más trucos. Tengo la suerte de que mi trabajo me plantea muchos retos. Tanto el programa como Andreu me piden muchas cosas que no sé hacer. Eso me mantiene vivo. El día que no tenga esa sensación seguramente lo tendré que dejar.

¿Hasta dónde crees que va a llegar la campaña para llevarte a Eurovisión?
El tema de Eurovisión… (sonríe). ¡No hay campaña, no hay nada! Es una tontería que dijo Andreu en medio de un programa, pero no hay nada (más risas). Es que parece que siempre haya un plan preestablecido pero no. Cuando llevamos a Chiquilicuatre a Eurovisión tampoco estaba planeado. Es absurdo porque no llegamos por plazos y porque lo han blindado para que no lleguen friquis a Eurovisión. Estas cosas realmente no se pueden programar porque no te va a salir nunca. Lo que hacemos es estar atentos a qué nos funciona y cuando es así le damos cancha. He oído que esto era un plan de Buenafuente para desprestigiar Eurovisión. Tú te imaginas a Buenafuente diciendo: “Chicos, he ideado un nuevo plan para asestar el golpe definitivo a Eurovisión”. (risas) No, además como programa volver a hacer otra vez lo mismo no nos hace demasiada ilusión. Por hacer la broma sí, claro. Pero bueno, habla con la Sexta a ver qué te dicen, igual lo quieren llevar (sonríe).

Acabamos… ¿resistirías ante un monólogo de Buenafuente sin reirte?
No creo, porque me hace mucha gracia. No le río todo lo que hace pero me acostumbra a pillar con la guardia baja. Desde el primer día siempre hay una especie de pique para ver quién hace reír a quién. Siempre nos escondemos cosas. A veces en los ensayos me dice “aquí te diré una cosa”, y yo le hago lo mismo.

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