Alemania debate sobre el futuro de las subvenciones a la energía solar

Estos días varias empresas visitan el tramo de la parte oriental de Alemania, con sus minas de carbón abandonadas y las fábricas corroídas, rasgos característicos del período post-industrial. Es un lugar donde incluso es raro el día que sea soleado.

Estos días varias empresas visitan el tramo de la parte oriental de Alemania, con sus minas de carbón abandonadas y las fábricas corroídas, rasgos característicos del período post-industrial. Es un lugar donde incluso es raro el día que sea soleado.

Es en este escenario donde se ha centrado el interés de nada menos Q-Cells, una empresa que llegó a superar a Sharp durante el pasado año, y que pasó a convertirse en la mayor compañía mundial de fabricación de células solares fotovoltaicas. Q-Cells es el más notorio inquilino de las empresas que han florecido en la región con el objetivo de desarrollar el mercado de la energía solar, en un área conocida como el Valle Solar.

Gracias al impulso agresivo en el desarrollo de las energías renovables, la nublada Alemania se ha convertido en el actual líder mundial indiscutible en el aprovechamiento de la energía del sol. Tiene con mucha diferencia el mayor mercado de sistemas fotovoltaicos, que transforman la luz solar en electricidad, con aproximadamente la mitad del total mundial de instalaciones. Y es, además, el tercer mayor productor de células y módulos solares, justo detrás de China y Japón.

En la actualidad, sin embargo, comienzan a surgir los críticos con el impulso al desarrollo de este tipo de industria – pese a que el país se ve claramente favorecido con ella sobre todo con los altos precios del petróleo -. En particular, los grupos conservadores del Reichstag – el parlamento alemán -, quieren que cesen de inmediato los generosos incentivos gubernamentales que apoyan el desarrollo de la energía solar. Dicen que esta industria se está desarrollando tanto y en tan poco tiempo que amenaza con sobrecargar a los consumidores con altas tarifas en las facturas domésticas.


Los empresarios de este tipo de empresas advierten sin embargo que la reducción de incentivos podría privar a Alemania de su primer puesto en la industria del futuro. Como prueba, apuntan hacia los Estados Unidos y Japón, que hace algunos años eran las estrellas solares, pero que a día de hoy se han desvanecido del ránking por los recortes en las subvenciones que los gobiernos realizaron.

El debate sobre las subvenciones solares es una prueba de cómo un país preocupado por el medio ambiente puede pasar de alimentar una alternativa prometedora del sector de la energía a crear una masa de mercado industrial que haga tambalearse incluso a las fuentes de energía convencionales en su propio mercado. Es una transición difícil, incluso para una población que simpatiza con ello.

De momento los directivos de Q-Cells advierten que la legislación alemana ha sido hasta ahora la más acertada posible en este desarrollo de energías renovables, pero que si saliera a flote por cualquier motivo las reformas que la Unión Demócrata Cristiana – el partido de la canciller Ángela Merkel – está preparando, matarán el desarrollo de este tipo de industria.

El floreciente mercado alemán ha atraído inversores de todas partes del mundo: desde Canadá, Noruega, Estados Unidos hasta España. Más de 40.000 personas trabajan en la actualidad en la industria fotovoltaica, ayudando a reactivar las regiones que no disponen de la misma. A principios de mayo, Q-Cells informó de unos beneficios del 63% más que hace un año para el primer trimestre en sus explotaciones, dando una muestra de la riqueza que genera el sol.

Q-Cells fue fundada por el señor Milner, un ciudadano británico que comenzó su carrera en el Royal Dutch Shell. Él dice que Alemania no puede de ninguna manera permitirse el lujo de dejar pasar esta oportunidad. Sin duda, afirma, los asiáticos son conscientes de que el costo de la electricidad aumentará a medida que lo haga el precio de los combustibles fósiles, por tanto aspiran a dominar en el futuro el mercado de las energías renovables.

Joachim Pfeiffer, el democristiano que está elaborando el plan que será presentado ante el parlamento alemán para reducir los incentivos afirma que no quiere la masacre de la industria solar, y que es consciente de que es la energía del futuro. Sin embargo, dice, para tener ese futuro, Alemania no debería de tener un exceso en la actualidad.

En el centro de todo este debate se encuentra la Ley de Energías Renovables. Esta legislación exige a las empresas que compren todas las energías alternativas producidas a un fijo por encima del precio en el mercado durante los próximos 20 años.

Este mecanismo, conocido como de tarifas, hace que los empresarios se sientan muy incentivados a la hora de instalar paneles solares. Teniendo una cantidad fija de clientes de electricidad, pueden ganar un socio fiable para rentabilizar considerablemente su inversión. Y hasta ahora ha funcionado a la perfección: los propietarios de viviendas se apresuraron a instalar rápidamente sus propios paneles solares en lso techos de sus viviendas, y los agricultores sembraron en campos que antes eran pasto de ovejas los paneles.

La cantidad de electricidad generada por este tipo de instalaciones se incrementó en un 60% durante 2007 en relación al año anterior, más rápido que cualquier otra energía renovable. Sin embargo, la energía solar todavía genera únicamente el 0,6% de la producción total de electricidad, mucho menos que otras como los molinos de viento, que generan el 6,4%.

Esto, en un país que recibe un promedio de sólo 1.528 horas de sol al año, a menos de un tercio del total de horas de luz solar, es una cifra comparable a la de Londres, pero es un tercio menos de horas de sol que en Florencia, Italia, y sólo la mitad de San Diego, Estados Unidos. Las instalaciones de esos países son muchísimo menos eficientes que las alemanas, y su crecimiento es también mucho menor.

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